Regreso de un viaje memorable a Venezuela. Uno de esos viajes que dejan huella, que mueven algo por dentro, aunque todavía no sepas exactamente qué.
Me preparo para retomar el curso de mi vida. Nuevos proyectos, nueva energía; esa sensación familiar de volver a empezar. O al menos, eso es lo que creo.
Porque, muy pronto, mi cuerpo empieza a contar una historia distinta…
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Septiembre de 2025.
Estoy agotada. Pero se lo atribuyo al jet lag.
Vuelvo a hacer deporte. Pero la más mínima sesión me deja vacía y dolorida durante varios días.
De nuevo, racionalizo. Estoy retomando el ritmo tras una pausa de varios meses. Nada preocupante.
Hasta que llega esa sesión.
Apenas veinte minutos. Ejercicios sencillos, realizados lentamente, casi con precaución.
Y, sin embargo, los días siguientes mi cuerpo ya no responde.
Fatiga intensa. Energía ninguna.
Sentía que algo se había derrumbado por dentro…
Es ahí cuando lo comprendo.
No es una cuestión de deporte, ni de cansancio pasajero.
Algo más profundo se está poniendo en juego.
Al indagar, una realidad me golpea de frente : mi sistema nervioso está al límite.
Sin darme cuenta, mi cuerpo había acumulado, aguantado, retenido… durante mucho más tiempo del que yo quería admitir.
Nuestro cuerpo es una verdadera brújula interior. Es la forma en que reacciona a nuestras emociones, a nuestro entorno y a las distintas elecciones que se nos presentan.
Nuestro día a día y nuestras creencias se imprimen, literalmente, en nuestro cuerpo.
Ya había vivido un episodio similar hace unos años.
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Avanzar.
Resistir.
Gestionar.
Pero el cuerpo, por su parte, registra.
Todas nuestras tensiones, las emociones atravesadas demasiado rápido, aquellas que posponemos para después.
Todo lo que no ha sido plenamente vivido, sentido o transitado.
Sin ruido, sin urgencia aparente.
Hasta el momento en que ya no puede seguir en silencio.
Obligándonos a parar.
Desde una lesión o una pequeña enfermedad leve, hasta el burn-out u otra patología más grave.
¿A quién no le ha pasado esto alguna vez?
El episodio de 2017 me llevó a explorar las medicinas psicodélicas.
Un camino intenso, desconcertante y transformador.
El de 2025 ha cambiado algo distinto en mí. De forma más sutil.
En lugar de buscar inmediatamente comprender o corregir, empecé a intentar escuchar. Escuchar lo que sucedía en el cuerpo, sin buscar inmediatamente una solución.
Simplemente escuchar.
Las sensaciones. Las resistencias. Los momentos de apertura también.
A veces a través de la escritura, cuando todo se volvía demasiado denso en mi cabeza.
A veces a través de la creación, cuando no tenía nada que explicar, pero sí algo que dejar salir.
Recuperar el movimiento. Sin intentar transformar nada de inmediato.
Escuchar. Expresar.
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Hoy no tengo todas las respuestas. Estoy en camino. Pero algo ha cambiado.
El cuerpo no se conforma con llevarnos a través de la vida… es también uno de sus lenguajes más sutiles.
Quizás eso que llamamos “estar bien” no es solo una cuestión de pensamiento, de voluntad o de creencias.
Quizás es también una cuestión de circulación.
De lo que puede moverse… o no, dentro de nosotros.
♪ Han dicho los abuelos
Echale el miedo al fuego – Darwin Grajales
Que te han dado un instrumento
Que tu cuerpo es tan sagrado
Como el agua y el fuego
Que lo pongas a vibrar
Que el amor te da esa fuerza
Que abras más tu corazon
Y nunca olvides de cantar ♪
